Casa iluminada bajo un eclipse y un cielo lleno de planetas, imagen simbólica de la reflexión «La casa ya no es la misma» de Gabriela Arrieta.

La casa ya no es la misma

Imaginemos que el cielo es una gran casa y que todos los planetas han sido invitados a la misma fiesta.

Al principio parece una reunión más, pero no lo es. En el centro del salón está el Sol, en Leo, ocupando el lugar que naturalmente le corresponde: brilla, se hace notar, tiene presencia y todos saben perfectamente dónde está.

La Luna también llega, pero no entra discretamente. Se coloca justo delante del Sol y, por unos minutos, lo tapa.

La música sigue, la fiesta continúa y los demás invitados siguen hablando entre ellos, pero de repente el centro de la sala cambia.

Todos miran hacia allí. Algunos quieren saber qué pasó; otros aprovechan que el centro quedó momentáneamente oculto y otros parecen haber estado esperando precisamente ese instante.

Mercurio está hablando con todo el mundo. Literal es un chismoso.  Va de un grupo a otro, lleva noticias, escucha secretos, cuenta versiones, interpreta, traduce, aclara y a veces exagera. Pero poco a poco se da cuenta de que algunas conversaciones ya no son inocentes, porque en una esquina está Plutón.

Plutón no necesita levantar la voz. Observa. Sabe quién tiene poder, quién cree tenerlo y quién está a punto de perderlo.

Urano está cerca, pero nunca está quieto. Cambia los muebles de lugar, desenchufa una cosa, conecta otra, abre una ventana que nadie había visto, cambia la música y le enseña a alguien una tecnología nueva. En cuestión de minutos, media fiesta está hablando de algo que una hora antes ni siquiera sabían que existía.

Venus intenta mantener las formas. Habla con unos, luego con otros, negocia, suaviza tensiones y trata de evitar que dos invitados terminen enfrentándose. Pregunta qué se puede salvar, qué acuerdo todavía es posible y qué relación vale la pena conservar. Pero no todo depende de ella, porque Marte acaba de entrar y llega con una humor digamos que diferente.  No está buscando pelea porque sí, pero siente que hay algo que defender: una casa, un territorio, una familia, una pertenencia. Y cuando alguien toca aquello que considera suyo, reacciona y marte siempre reacciona mal  no tiene una forma positiva ni amable para hacerlo.

Júpiter contempla toda la escena y la amplifica. Si alguien habla, hace que se escuche más. Si alguien promete, la promesa crece. Si alguien exagera, exagera todavía más. Si hay entusiasmo, se contagia; si hay arrogancia, también. Nada parece quedarse pequeño cuando Júpiter entra en la conversación. Él magnifica todo. Él es Él.

Saturno, mientras tanto, está de pie junto a una pared observando la estructura de la casa. Ve grietas, algunas pequeñas y otras que llevan años ahí. Quiere saber si la casa todavía aguanta, qué columna debe reforzarse, qué pared debe caer y qué necesita ser reparado, es extremadamente toc con sus cosas y con lo que piensa que debe de tener una estructura, la estructura no es poca cosa, ni se hace de la noche a la mañana, lo que tiene estructura es por una razón…

Neptuno empieza a llenar el salón de una especie de humo, no necesariamente humo real, sino humo de ideas, sueños, promesas, miedo, fe y confusión. Algunos comienzan a ver posibilidades extraordinarias; otros dejan de distinguir con claridad qué es cierto y qué no.

Y mientras todos discuten, alguien se da cuenta de algo más importante: la casa ya no es la misma casa con la que comenzó la fiesta.

Eso es lo fundamental. No hubo un solo acontecimiento, ni un solo culpable, ni un solo planeta haciendo algo aislado. Había muchos personajes en la misma habitación, cada uno empujando en una dirección distinta, cada uno activando al otro, y en medio de todos ellos el Sol desapareció durante unos minutos.

Quizá esta sea la mejor manera de comprender este cielo. No preguntándonos solamente qué significa cada planeta, sino qué sucede cuando todos estos personajes están juntos, al mismo tiempo, dentro de la misma historia.

Porque una fiesta puede seguir siendo una fiesta cuando entra una persona complicada. Pero cuando llegan muchas al mismo tiempo, alguien cambia la música, alguien cierra una puerta, alguien abre otra, alguien se marcha, alguien confronta a otro y de repente se apaga la luz, ya no estamos frente a una noche cualquiera.

Estamos frente a una noche que todos van a recordar.


Gabriela Arrieta Quesada
Gabriela Arrieta Quesada
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